miércoles, 1 de marzo de 2017

Descripción de una lucha




Una demostración de que es imposible vivir

            Debo reconocer que Descripción de una lucha (Beschreibung eines Kampfes, en su título original en alemán) sigue siendo un enigma para mí. Este breve relato, primera publicación de Kafka, y que apareció en el número inaugural de la revista Hyperion de Franz Blei, es el producto de una tremenda batalla interior de su autor, de un tira y afloja con el texto, al que durante años se enfrentó con intermitencias: Kafka comenzó la historia en 1904 y no la cerró hasta el 1909, y el texto se alargó y achicó pasando de las 110 páginas iniciales hasta las 58 definitivas. Esto muestra su total insatisfacción con lo escrito y, posiblemente, su inseguridad respecto al trabajo literario.

            La extraña fragmentación que presenta Descripción de una lucha no sólo resulta patente en sus reescrituras y en los continuos abandonos y recuperaciones por parte de su autor. Si tratamos de seguir el texto, editorialmente hablando, nos encontramos con dificultades, puesto que después de ese adelanto en Hyperion, otras migajas del relato fueron apareciendo en algunas otras publicaciones. Parece que le debemos a Max Brod la configuración definitiva del trabajo tal y como ahora lo conocemos (sobre el año 1935).

            Un trabajo del profesor Leopoldo La Rubia (véase la siguiente entrada en esta misma bitácora que hace referencia a la noticia bibliográfica de Descripción de una lucha), incide en las influencias que pueden descubrirse en el intrincado relato: un Kafka atravesado por el expresionismo y que aglutina sus tempranas inquietudes filosóficas, lo que cristaliza en un trabajo que mezcla vívidas percepciones de la realidad con momentos de ficción onírica, tal vez un deslizamiento hacia la presencia de mundos paralelos y una extraña reivindicación de la naturaleza o la vida natural en todo su esplendor y poderío.

            Pero… ¿de qué lucha se nos habla en Descripción de una lucha? No puedo evitar dejarme llevar por la personalidad biográfica de Kafka, y cuando digo biográfica me refiero a la máscara del autor que las numerosas biografías han construido: un joven apocado y asustadizo, en permanente conflicto consigo mismo y con todo lo que le rodea… Por tanto, la lucha a la que se refiere será una lucha personal, una batalla individual y privada en donde afloran todas sus inseguridades… y la estructura caótica y el sinsentido serían un reflejo de ese mundo caótico al que se enfrentaba Kafka.

            La narración está escrita en primera persona, y eso degenera, rápidamente, en una identificación de la voz narradora con la del autor. De este modo, al aproximarme al relato cometo dos grandes errores. El primero, que ya he mencionado, es dejarme impregnar del biografismo cuando siempre he abogado por la autonomía del texto literario. Creo firmemente que un escrito puede analizarse exclusivamente por lo que pone en él, por lo que encierra, sin necesidad de buscarle salidas psicológicas o rastros de la vida del autor que cuelguen de las palabras como jirones de carne putrefacta. El segundo error estriba en una confusión entre narrador y autor, un vicio muy habitual en el lector de domingo, si así queremos llamarlo, que cada vez que se topa con un texto en primera persona escucha, de inmediato, al escritor susurrándole al oído sus peripecias cuando, la mayoría de las veces, por no decir que en todas las ocasiones (autobiografías incluidas) esto es un dislate.

            Todos estos condicionantes me llevarían a pensar, automáticamente, que el Kafka más confundido, apocado y torturado, quiere mostrarnos su amargo tránsito en el intento de encontrar una identidad personal que sea producto del roce de su “yo narrador” con un entorno que no solo apenas comprende, sino que le resulta terriblemente hostil. Pero abandonemos esta lectura, dejemos atrás sendos errores, tratemos de reinterpretar Descripción de la lucha según algunos de los parámetros del comparatismo y de la Teoría de la Literatura.

            Entonces, despojados de cargas biográficas y presunciones apriorísticas, sin la mascarada del autor puesta en pie tras innumerables reconstrucciones de su vida, el texto se presenta de una manera bien distinta: un artefacto literario, un mero ejercicio iniciático, un juego primigenio, un balbuceo que muestra lo que el Kafka escritor podrá llegar a ser. Un ejercicio que se enmarca en el seno de las corrientes artísticas y de pensamiento de la época en que se pone en pie, que se nutre y bebe de ellas, y cuyas marcas literarias se albergan en el texto. Eso puede explicar, o al menos aproximar, una visión algo más clara de algunas pequeñas piezas del enigma.



            La primera persona del relato no es una voluntad confesional ni un trasunto del atormentado autor que necesitara gritarle al lector, mediante su trabajo literario, que está soportando una gran incomunicación a causa de sus problemas de identidad y desarraigo. Simplemente es un recurso fácil, si es que en Kafka existe algo sencillo, de escritor primerizo. Como autor, sé muy bien que resulta mucho más sencillo operar en primera persona que en tercera, al menos al principio y cuando no se tienen ciertos resortes narrativos bien afianzados o, simplemente, todavía se desconocen. Numerosos debuts de autores consagrados han venido de la mano de novelas escritas en esa primera persona poco pulida. Los ejemplos están en la cabeza de todos, y no es necesario abundar más en ello, pero quiero incidir en que el resto de las voces de los otros personajes que aparecen en Descripción de una lucha apenas consiguen una autonomía y una personalidad propias, es decir, todas las voces suenan igual, como la del protagonista, y poco importa que sea el Gordo o el Orante quienes se expresen: es el mismo discurso. Creo que esto es una muestra de la bisoñez del autor en esos instantes.

            Por otra parte, nos topamos con esa desmesurada presencia de la naturaleza, precedida de una visión urbana de Praga como ya no aparecerá después en la narrativa de Kafka; los detalles del protagonista que deambula por la ciudad están repletos de señales arquitectónicas, tanto, que se podría trazar un mapa del paseo por las callejuelas y puentes de Praga, circunstancia que se queda huérfana en el resto de las narraciones de Kafka, donde los localizadores geográficos brillan por su ausencia. Esta intención urbana es necesaria para el posterior estallido natural. Y el motivo radica en la utilización de los últimos resquicios románticos por parte del incipiente Franz Kafka como escritor, que se apodera de una especie de falacia patética en el mejor estilo de Goethe en Werther, dado que la ciudad y la naturaleza son meras extensiones de los estados de ánimo del protagonista. El protagonista pasará de lo angustioso, encarcelado en el mundo urbano que se identifica con su ansiedad, a momentos de conocimiento y explosiones del yo que se asocian a rotundos momentos de plenitud en consonancia con la luna, los árboles o el monte. El yo del protagonista experimenta una especie de peregrinación desde lo urbano a lo natural en pos de una afirmación interna que solo será posible inmerso en los paisajes arbóreos, ahí será cuando alcance su máxima expresión, y encuentre una gran paz.

            Por último, el texto es herencia fiel de los movimientos artísticos de la época, esa novelística del cambio de siglo, que acarrea los tics del romanticismo casi periclitado y apunta elementos de fuerza expresionista. El intento expresionista de deformar la realidad bajo un prisma subjetivo contribuye al caos de la estructura narrativa, no exenta de irracionalidad. El absurdo existencial de Kafka en este relato es el producto de todo esto.

            Descripción de una lucha es un ejercicio temprano de estilo de Franz Kafka. Aquí, desarrolla gran parte de sus influencias, intenta algunos recursos narrativos como son los insertos de unas historias dentro de otras al estilo de unas burdas cajas chinas, y se basa en el binomio de experiencia-error para saber lo que funciona y lo que no, literariamente hablando, de cara a futuras composiciones. Es un ensayo general que, sin embargo, sigue albergando muchos misterios para mí, como ese capítulo de tan terrible título: Entretenimientos o demostraciones de que es imposible vivir. Aquí se encuentra el verdadero germen de la novelística de Kafka, y es lo que me llena de dudas y provoca, quizás, que mis razonamientos sobre la anterior aproximación a la interpretación del texto salten por los aires.

            O tal vez no.
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada